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Verdadero liderazgo en América Latina

Obama no lo ha proporcionado.

by
Jaime Daremblum

Bio

October 30, 2012 - 12:45 pm

Durante el último debate presidencial de 2012, cuyo foco era la política exterior de los Estados Unidos, la única mención a América Latina fue la que hizo Mitt Romney cuando formuló el conocido llamamiento a expandir el comercio hemisférico. Eso fue todo. Por esa razón, hay que perdonar a los que vieron el debate si suponen que, en las famosas palabras de Richard Nixon, “América Latina no cuenta para nada”.

Excepto que América Latina, , cuenta, tanto económica como estratégicamente, y su importancia para los Estados Unidos no hará más que aumentar en los próximos años. Lo cual plantea la siguiente cuestión: ¿Qué significa exactamente que un presidente de los Estados Unidos ejerza un genuino liderazgo con respecto a América Latina?
Bill Clinton ejerció verdadero liderazgo cuando abogó por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés), frente a la fuerte oposición de su propio partido que, por entonces, controlaba las dos cámaras del Congreso. George W. Bush ejerció verdadero liderazgo cuando empujó enérgicamente a los republicanos indecisos de la Cámara de Representantes a que apoyaran el Tratado de Libre Comercio de América Central (CAFTA, por su sigla en inglés). (De acuerdo con Fred Barnes, en un artículo publicado en The Weekly Standard, en julio de 2005, cuatro días antes de que la Cámara de Representantes emitiera su voto, “Bush se reunió con los representantes individualmente y en pequeños grupos. Y el día mismo de la votación, Bush se trasladó a Capitol Hill para pronunciar un discurso ante la Conferencia Republicana de la Cámaro de Representantes, en la que habló con pasión durante 45 minutos sin texto escrito y respondió luego a docenas de preguntas”.) De la misma manera, Bush ejerció verdadero liderazgo, cuando modificó el Plan Colombia de modo que Bogotá pudiera usar la asistencia contra las drogas en su lucha contra las guerrillas de la FARC y del ELN.

El presidente Obama no ha ejercido aun la misma clase de liderazgo en ninguna cuestión hemisférica de real importancia. Aun Rosa Brooks, una demócrata liberal  que enseña derecho en la universidad de Georgetown y fue funcionaria de los gobiernos de Clinton y de Obama, admitió recientemente que Obama ha “ignorado prácticamente” a América Latina. En efecto, los mayores logros de Obama en la región provienen, en su totalidad, de iniciativas de la época de Bush.

Por ejemplo, el gobierno de Obama ha firmado acuerdos bilaterales con Colombia y con Panamá. Pero esos acuerdos se firmaron originalmente cuando Bush era presidente.
Obama ha tratado de concluir un Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP) que incluiría a Chile, México y Perú. Pero las negociaciones con respecto a TPP tuvieron lugar durante la presidencia de Bush.

El gobierno actual aumentó la cooperación con México en materia de seguridad mediante la Iniciativa de Mérida. Pero esa iniciativa se creó durante la presidencia de Bush.

El gobierno actual ha expandido la Iniciativa Regional de Seguridad para América Latina (CARSI, por su sigla en inglés). Pero CARSI comenzó como parte de Mérida, durane la presidencia de Bush.

El historial de Obama en América Latina va, por cierto, más allá de finalizar o expandir iniciativas de la época de Bush. Desafortunadamente, ese historial está lleno de reveses, tropiezos y fracasos diplomáticos.

Cuando el gobierno de Obama intentó (prudentemente) aumentar la cooperación militar con Bogotá mediante un nuevo acuerdo sobre bases militares, la suprema corte de Colombia declaró que, sin la aprobación del congreso nacional, el acuerdo era inconstitucional. (El presidente colombiano Juan Manuel Santos decidió no tratar de conseguir la aprobación del congreso.)

Cuando el gobierno de Obama exigió (con imprudencia) que restituyeran en la presidencia de Honduras a Manuel Zelaya, el acólito de Chávez, a pesar de sus ataques contra el orden constitucional, el gobierno provisional de Honduras, encabezado por Roberto Micheletti, dijo que no, iniciando así un largo período de tensiones sin resolver. Finalmente, Washington renunció a reinstalar a Zelaya y Micheletti continuó en la presidencia hasta que asumió el cargo Porfirio Lobo, que triunfó en las elecciones celebradas en Honduras después de la caída de Zelaya.

Cuando el gobierno del presidente Obama le extendió un ramo de olivo a Cuba, disminuyendo el rigor de las sanciones y proponiendo un “nuevo comienzo” en las relaciones bilaterales, el régimen de Castro encarceló al contratista de USAID Alan Gross y reprimió enérgicamente a los activistas por la democracia en toda la isla.

Cuando intentó mejorar las relaciones con el presidente ecuatoriano Rafael Correa, que es otro cuasi autoritario discípulo de Chávez, el gobierno de Obama sufrió una nueva decepción. En junio de 2010, la secretaria de Estado Hillary Clinton viajó a Quito, le dio un abrazo a Correa y declaró que “las metas que el Ecuador y su gobierno se proponían eran metas con las que concordaban los Estados Unidos”. Menos de un año después, el gobierno ecuatoriano expulsó a la embajadora norteamericana Heather Hodges a causa de los comentarios críticos que había hecho en cables filtrados por WikiLeaks. Y ya que hablamos de WikiLeaks, Correa le otorgó asilo a Julian Assange en agosto de este año, pocos meses después de haber boicoteado la Cumbre de las Américas.

Finalmente, cuando lanzó un programa de infiltración del narcotráfico, conocido como “Operation Fast and Furious”, el gobierno de Obama permitió que alrededor de 2.000 armas de fuego cruzaran la frontera y fueran a parar a manos de mafiosos mexicanos. Esas armas, junto con otras, que pertencían a otros programas estadounidenses de infiltración, han sido conectadas con un par de notorias matanzas en Juárez, con la muerte del agente Brian Terry, de la patrulla fronteriza norteamericana, y con el asesinato de un agente de inmigración y aduanas de los Estados Unidos llamado Jaime Zapata.

Los carteles mexicanos de la droga están intesificando sus actividades en América Central, especialmente en los países de El Salvador, Guatemala y Honduras, que componen el Triángulo Norte. Es verdad que El Salvador ha conseguido reducir su tasa de homicidios por medio de una frágil tregua que concertó entre las dos maras más grandes del país, pero es altamente dudoso que esa tregua pueda durar largo tiempo. Entre tanto, Guatemala y Honduras enfrentan niveles catastróficos de violencia relacionada con la droga. De hecho,  actualmente se considera a Honduras como “el país más violento del mundo” fuera de las zonas de guerra, y la violenta organización de los Zetas controla hoy en día una alarmante proporción del territorio de Guatemala.

Por eso, Estados Unidos desplegó recientemente unos 200 infantes de marina en Guatemala (su misión finalizó a mediados de octubre); por eso también, estableció recientemente tres nuevas bases militares en Honduras. Desafortunadamente, después de una serie de tiroteos mortales, el gobierno de Obama tuvo que suspender todas las operaciones conjuntas con las fuerzas hondureñas de seguridad. De acuerdo con un informe del New York Times, “Honduras y los Estados Unidos están desarrollando ahora en forma conjunta un plan de vasto alcance, más enfocado en la reforma judicial y el afianzamiento de las instituciones hondureñas. Pero los funcionarios del Departamento de Estado deben primero asegurarle al Congreso que se han investigado las muertes y que se establecerán nuevas salvaguardas como, por ejemplo, limitar el papel de las fuerzas norteamericanas”.

Si abogara por un programa de asistencia para América Central al estilo del Plan Colombia, el presidente Obama estaría ejerciendo verdadero liderazgo. Si diera impulso a la creación de una zona de libre comercio para el hemisferio, como ha propuesto Romney, Obama estaría ejerciendo verdadero liderazgo. Si se empeñara en llevar a cabo serias reformas en la Organización de Estados Americanos, como algunos hemos propuesto, Obama estaría ejerciendo verdadero liderazgo.

Obama, claro, puede no tener la oportunidad. Pero independientemente de quién gane las elecciones del 6 de noviembre, es hora de que acabe el vacío de liderazgo con respecto a América Latina.

Jaime Daremblum fue embajador de Costa Rica en los Estados Unidos desde 1998 hasta 2004; es actualmente director del Centro de Estudios de América Latina en el Instituto Hudson.

Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.
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