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Mejorar la educación en América Latina

La región comienza, lentamente, a enfrentar su déficit en educación

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Jaime Daremblum

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September 4, 2012 - 3:55 pm
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Las protestas que los estudiantes universitarios chilenos han estado organizando desde el año pasado son, en parte, un signo de progreso y de más altas expectativas; en parte, son también signos de desaliento con respecto a los costos de matrícula y a la desigualdad económica y en parte, por último, son  signos de un malestar social más amplio. Las protestas han enfocado la atención en ciertos problemas que pertenecen exclusivamente a Chile y en otros problemas compartidos por los países de toda América Latina. Pero esas protestas, en buena medida, distraen del desafío educativo más importante de la región: mejorar la escuela primaria y secundaria.

No hay duda de que, a pesar de todo el entusiasmo que, desde 2002, ha despertado el relativamente sólido desempeño de las economías de América Latina, el funcionamiento, persistentemente pobre, de sus sistemas de educación continúa disminuyendo la capacidad competitiva general de la región.

En la última encuesta de opinión de ejecutivos, que publicó el Foro Económico Mundial en su Informe global de competitividad y que incluye 142 países y territorios, solo dos países de América Latina y el Caribe (Barbados y Costa Rica) estaban incluidos entre los 30 primeros puestos en términos de la calidad de su sistema de educación primaria, y solo ocho países (Barbados, Costa Rica, Trinidad y Tobago, Guyana, Suriname, Uruguay, Belice y Colombia) estaban entre los primeros 80. Al mismo tiempo, la región representaba cerca de la mitad de los 30 países que estaban al final de la lista.

Los resultados eran similares cuando los ejecutivos evaluaron la calidad del sistema general de educación de sus países. Una vez más, solo dos naciones de América Latina y el Caribe (las misma dos, Barbados y Costa Rica) consiguieron ubicarse entre los 30 primeros puestos y solo seis estaban entre los primeros 80. Pero 16 de los 40 últimos puestos estaban ocupados por países de America Latina y el Caribe, como lo estaba la mitad de los últimos puestos de la lista.

Hay que notar también que tanto Brasil como México —los dos países más extensos de la región— recibieron bajas calificaciones. En educación primaria, Brasil ocupaba el puesto 124 y México el 121. En calidad global de la educación, Brasil ocupaba el puesto 115 y México el 107. En educación en ciencia y matemáticas, Brasil ocupaba el puesto 127 y México el 126. (El puesto de Chile en esas mismas categorías era 127, 87 y 124 respectivamente.)

Hay que recordar que Brasil y México han tenido gran éxito con los programas de transferencias de dinero destinadas a recompensar a los padres que mantienen a sus hijos en la escuela y los llevan a que les hagan exámenes médicos de rutina. Al principal programa del Brasil se lo conoce como Bolsa Família [Beca Familia]; su contraparte en México es Oportunidades (inicialmente se llamaba Progresa). Y sin embargo, los dos países están todavía en una lucha sin tregua por mejorar los resultados de la educación.

La actual presidente del Brasil, Dilma Rousseff, ha expandido Bolsa Família, como lo hizo su predecesor, Lula da Silva. Rousseff ha lanzado, además, un programa de becas llamado Ciencia sin Fronteras que provee asistencia para que un mayor número de brasileños pueda hacer estudios de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) en universidades del extranjero. “Este programa es un aporte valioso y absolutamente necesario”, afirma el politólogo Eduardo Gómez de la universidad de Rutgers. “Pero antes de aspirar a construir una fuerza de trabajo con alta calificación técnica y renombre mundial, la presidente Rousseff debería quizá hacer una mayor inversión en sus escuelas primarias y secundarias, donde verdaderamente está el futuro del progreso científico y tecnológico del Brasil”. Es indudable que la pobreza de su sistema de educación, desde jardín de infantes hasta el último año de la escuela secundaria (equivalente del K-12 estadounidense), es la razón principal por la cual el Brasil enfrenta ahora una gran escasez de mano de obra calificada. El mismo problema se ha presentado en Panamá, país que está en pleno auge a pesar de la pobre calidad de sus escuelas.

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