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Los habilitadores de Irán en America Latina

¿Cuánto deben preocuparnos las actividades de Irán en América Latina? Consideremos unos pocos acontecimientos recientes.

by
Jaime Daremblum

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August 19, 2011 - 12:06 am

¿Cuánto deben preocuparnos las actividades de Irán en América Latina? Consideremos unos pocos acontecimientos recientes:

* La semana pasada, el viceministro de relaciones exteriores de Irán, Ali Ahani, hizo una gira de una semana por América del Sur, en la que visitó Brasil, Paraguay y Uruguay. En cada país, Ahani recibió una calurosa acogida. De hecho, María Edileuza Fontenele, su contraparte brasileña, llegó a decir que Irán es uno de los más importantes países asociados con el Brasil. De acuerdo con Latin Business Chronicle [Crónica de Negocios Latinos], las exportaciones de Irán al Brasil aumentaron un estridente 29,1 por ciento en 2009,  por un valor total de 19 millones de dólares, mientras las exportaciones del Brasil a Irán subieron un 4.1 por ciento, alcanzando casi 1.300 millones de dólares. Irán tiene más intercambio comercial con Brasil que con cualquier otro país de América Latina.

* A principios de este mes, Irán acordó formalmente construir 10.000 casas en Venezuela, que actualmente sufre escasez de viviendas (para no hablar de la escasez de comida, agua y electricidad).

* En una conferencia de prensa, el 25 de julio, el almirante Mike Mullen, Jefe saliente del Estado Mayor Conjunto norteamericano, expresó su preocupación por la creciente alianza entre Teherán y Caracas.

* El día antes de que Mullen hiciera sus comentarios, el general Francisco Contreras, ex jefe de estado mayor del ejército peruano, dio una aleccionadora entrevista al Jerusalem Post. “Decididamente debemos preocuparnos por la creciente presencia de Irán en América del Sur”, dijo. “Parece que las organizaciones iraníes proporcionan apoyo a otras organizaciones terroristas  y que hay cooperación entre unas y otras”.

* El 18 de julio marcó el 17avo aniversario del ataque terrorista que destruyó el Centro Comunitario Judío AMIA en Buenos Aires y dejó 85 muertos. Este fue —y sigue siendo— el peor acto de terrorismo en la historia de Argentina. La evidencia de que Teherán planeó este ataque es abrumadora, e Interpol ha emitido órdenes de detención contra varios funcionarios, presentes y pasados, del gobierno iraní. La víspera del aniversario, Teherán informó a Argentina que Irán estaba “dispuesto a entablar un diálogo constructivo” con respecto al ataque de la AMIA, pero aun así continúa negándose a admitir su responsabilidad en el atentado y se niega todavía a extraditar a los que están en la lista de sospechosos de Interpol. Uno de esos sospechosos, el general Ahmad Vahidi, sirve actualmente como ministro de defensa de Irán.

* A fines de mayo, el gobierno de Bolivia patrocinó una visita oficial del general Vahidi, que acortó su estadía después que Argentina presentó una protesta formal. A su llegada a Teherán, Vahidi declaró que “América Latina no es más el patio trasero de los Estados Unidos”, y agregó que “Irán continuará expandiendo sus relaciones constructivas con los países de la región, especialmente los de la alianza ALBA (ALBA —conocida como la Alternativa Bolivariana para las Américas— es el grupo izquierdista de intercambio comercial encabezado por Venezuela).

* Unas pocas semanas antes de la visita del general Vahidi a Bolivia, el periódico alemán Die Welt informó que Irán estaba construyendo bases para el lanzamiento de cohetes en Venezuela.

Si examinamos las relaciones de Irán con Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, es difícil negar que la República Islámica (1) busca activamente establecer una base de apoyo estratégica en el Hemisferio Occidental y (2) está usando sus alianzas en América Latina para disminuir el impacto de las sanciones globales. La alianza de Teherán con Caracas, que incluye cooperación financiera, energética y militar, ha permitido también que Hezbollah (el grupo terrorista apoyado por Irán) extienda su huella en América del Sur. (Hace tres años, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos acusó al gobierno de Venezuela “de proporcionar empleo y protección a los que patrocinan a Hezbollah y reúnen fondos en su apoyo”.) El régimen de Hugo Chávez se ha transformado, en efecto, en un satélite de Irán. De acuerdo con numerosos funcionarios israelíes, Venezuela y Bolivia le han suministrado a Irán uranio para su programa nuclear.

El presidente boliviano Evo Morales es un discípulo de Chávez, como lo es el presidente ecuatoriano Rafael Correa. En febrero de este año, después de obtener documentos del gobierno del Ecuador, José Cárdenas, ex funcionario del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, informó que Irán y Ecuador habían “concluido un acuerdo de 30 millones de dólares para llevar a cabo proyectos conjuntos de minería que parecen servir de trabajo preliminar para futuras actividades de extracción. El acuerdo, que aparentemente se finalizó en diciembre de 2009, ‘expresa el interés del Presidente de la República [de Ecuador] y del ministro de minas y petróleo de consolidar las relaciones estrechas y mutuamente beneficiosas con la República Islámica de Irán en varios frentes, entre ellos, la explotación de minas y la geología’”. Como observó Cárdenas, Ecuador tiene importantes depósitos de uranio.

Ciertamente, ninguna persona seria piensa que el Brasil esté dando asistencia al programa nuclear de Irán o facilitando las operaciones de Hezbollah. Pero con la expansión masiva de sus relaciones comerciales bilaterales con Irán, el gigante sudamericano está socavando la campaña de los Estados Unidos para imponerle sanciones al gobierno iraní y está fortaleciendo la legitimidad global de Teherán. (Debemos notar que también ha crecido notablemente el intercambio comercial  entre Irán y Argentina). La República Islámica quiere que se la trate como a un país normal; de hecho, quiere que se la trate como una superpotencia regional en el Medio Oriente. Y cuando una alta funcionaria del Brasil describe a Irán como un “aliado” de importancia crítica, le resulta mucho más difícil a los Estados Unidos aislar a Teherán y reunir el apoyo necesario para imponer sanciones más duras.

Los brasileños podrán argüir que están simplemente persiguiendo los intereses económicos de su nación. Pero al mismo tiempo están realzando la percepción de legitimidad del principal estado patrocinador de terrorismo en todo el mundo: un régimen que masacra a manifestantes estudiantiles a favor de la democracia, que niega el Holocausto y amenaza con usar armas nucleares para aniquilar a Israel. Si Brasil quiere que se lo vea como un líder global responsable, su política con respecto a Irán tendrá que cambiar.
Jaime Daremblum fue embajador de Costa Rica en los Estados Unidos desde 1998 hasta 2004 y es ahora director del Centro de Estudios de América Latina en el Instituto Hudson.

 

Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.
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