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La política del buen vecino

Por qué los candidatos presidenciales deben hablar más sobre América Latina

by
Jaime Daremblum

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August 21, 2012 - 3:23 pm
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Y si hablamos del  narcotráfico, los funcionarios de Centroamérica necesitan urgentemente recibir más asistencia externa en su lucha contra los carteles con sede en México y contra otras bandas de traficantes de drogas. De acuerdo con el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por su sigla en inglés), es posible que el ultra-violento cartel de los Zetas (formado por tropas de las fuerzas especiales del ejército mexicano) controle en Guatemala hasta un 80 por ciento del territorio de Petén, que limita con México y Belice en el norte del país. Un nuevo informe del IISS señala que en América Central hay ahora “tres guardas privados [de seguridad] por cada agente de policía”. El informe cita además una estimación del ministro de defensa de Honduras según la cual un 87 por ciento de la cocaína destinada a los Estados Unidos pasa a través de su país, que tiene la tasa más alta de homicidios de todo el mundo. Durante tres meses, de abril a junio de este año, la Operación Yunque, dirigida por los Estados Unidos, interceptó unas 2,3 toneladas de cocaína en Honduras. Desafortunadamente, la operación estuvo en primera plana no por el éxito de su intercepción sino por un número de redadas de drogas que terminaron en tiroteos, en uno de los cuales pueden haber muerto varios civiles inocentes.

Dada la dura realidad presupuestaria que enfrentan los legisladores norteamericanos, no es realista esperar que Estados Unidos establezca un nuevo programa masivo de ayuda a los países plagados de violencia en el triángulo norte de América Central. Pero Estados Unidos puede y debe dar más asistencia a países como Guatemala y Honduras para que organicen fuerzas policiales y sistemas de justicia más vigorosos y fiables. De acuerdo con IISS, entre 2008 y 2010, Washington le dio a México cinco veces más ayuda contra la droga de lo que le dio a toda América Central. Pero ahora que las Zetas y otros poderosos carteles mexicanos se están atrincherando rápidamente en países vecinos al sur de la frontera, la crisis de América Central merece que Estados Unidos le preste más atención, especialmente porque las instituciones democráticas están también amenazadas por actores políticos locales. (Sirva de testimonio el reciente intento, llevado a cabo por el partido de izquierda FMLN, de secuestrar legalmente el nombramiento de los miembros de la corte suprema de El Salvador).

Comparado con los países del triángulo norte, Panamá tiene un tasa de homicidios relativamente baja y relativamente poca violencia causada por la droga (aunque tiene todavía serios problemas de delincuencia). Panamá tiene también el canal más famoso del mundo, que está ahora en un proceso de expansión por valor de 5250 millones de dólares. Prevista para completarse en 2015, la expansión del canal hará de Panamá un país mucho más significativo para la economía mundial en general y, en particular, para la economía de los Estados Unidos. (Panamá es ya “la economía más globalizada de toda América Latina”, de acuerdo con Latin Business Chronicle, y Tim Johnson, corresponsal de McClatchy, señala que “las grandes multinacionales como Caterpillar, Procter & Gamble, Dell y la mexicana Cemex han elegido a Panamá como sede de operaciones regionales”.) Esto significa que la estabilidad y el buen gobierno de Panamá no han sido nunca tan importantes como ahora para los intereses de Estados Unidos.

Del mismo modo, nunca ha sido tan importante como ahora la necesidad de que los Estados Unidos forjen una relación fuerte y confiable con el Brasil. Cuando la presidente brasileña Dilma Rousseff estuvo con el presidente Obama este abril pasado, un periodista del Brasil observó que había una “considerable falta de respeto mutuo” entre los dos países. (Este fue en parte el legado del ex presidente brasileño Lula da Silva, que en 2010 intentó socavar las sanciones impuestas a Irán por los Estados Unidos negociando un intercambio de uranio con los iraníes.) Crear un mayor respeto mutuo contribuirá enormemente a orientar la política exterior del Brasil en una dirección más favorable a los Estados Unidos. De hecho, si desea que el Brasil llegue a ser un más robusto defensor de los derechos humanos y de la democracia en América Latina, Washington necesita cultivar una relación bilateral más madura y profunda.

Una vez más, entiendo por qué estas cuestiones no tienen una alta prioridad en la campaña electoral. Pero tanto el presidente Obama como el ex gobernador Romney deberían hablar mucho más sobre los desafíos y las oportunidades que presenta América Latina.

El ex Embajador Jaime Daremblum es director del Centro de Estudios de América Latina en el Hudson Institute.

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Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.

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