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La política del buen vecino

Por qué los candidatos presidenciales deben hablar más sobre América Latina

by
Jaime Daremblum

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August 21, 2012 - 3:23 pm
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A menos que se produzca una grave crisis internacional, el resultado de la elección presidencial estadounidense de 2012 tendrá muy poco que ver con política exterior. Ciertamente no tendrá mucho que ver con la política de Estados Unidos para América Latina, una región que tanto el presidente Obama como el ex gobernador Romney han ignorado considerablemente en los discursos que pronunciaron hasta ahora en la campaña electoral.

Todo esto es comprensible, pero también desafortunado. Dejemos de lado los obvios desafíos de política exterior de Asia y del Oriente Medio (China, Afganistán, Irán, Siria, por ejemplo): el próximo gobierno tendrá sin duda que tomar importantes decisiones con respecto a nuestro propio hemisferio.

Por ejemplo, Washington debe decidir si lo más efectivo es continuar el enfoque actual de la guerra contra la droga en México. Debe decidir con cuánta intensidad tratará de lograr acuerdos de libre comercio con países como Brasil y Uruguay. Debe decidir si mantendrá el embargo contra Cuba, que dura ya 50 años. Debe decidir cómo penalizar al régimen de Venezuela por violar constantemente las sanciones globales contra Irán y cómo penalizar a determinados funcionarios venezolanos por  colaborar con las FARC colombianas y con Hezbollah, el grupo militante que cuenta con el apoyo de Irán.

Y si vamos al caso, aun si ignorásemos la alianza de Hugo Chávez con Irán, su apoyo a los narcoterroristas, sus intentos de socavar la democracia en toda América Latina y su hostilidad declarada contra los Estados Unidos, Venezuela sería aun causa de seria preocupación para los decisores políticos norteamericanos. En efecto, la militarización de la sociedad venezolana ha creado las condiciones propicias para que se produzca un buen número de situaciones violentas, incluido un golpe de estado en favor de Chávez, una masacre en las calles al estilo de Tiananmen, o aun quizá una abierta guerra civil. Como escribí aquí mismo hace unos meses, Venezuela se ha convertido en un volátil barril de pólvora que podría estallar si Chávez roba la elección presidencial del 7 de octubre, o si pierde la elección y se niega a dejar el cargo, o si muere de cáncer y lo reemplaza una junta militar.

Sería más que suficiente si Chávez hubiera creado simplemente un régimen militar (que, de hecho, ha creado). Pero el hombre fuerte venezolano ha creado también su propia versión de la guardia revolucionaria iraní. Conocida como “milicia bolivariana”, esa fuerza paramilitar responde directamente a las órdenes de Chávez y está a cargo de defender su revolución. No se sabe con certeza cuántos combatientes pertenecen a la milicia —que tiene acceso a un vasto arsenal de armamento ruso— pero una prominente figura de la oposición venezolana, la  legisladora María Corina Machado, declaró recientemente al periódico El Universal que había obtenido un documento en el que se indicaba que la meta del gobierno era tener un millón de miembros en la milicia en 2013.

Caracas está ya entre las ciudades con más asesinatos de todo el mundo, y Venezuela, por su parte, tiene con mucho la tasa nacional de homicidios más alta de América del Sur. El Observatorio Venezolano de Violencia, que es una institución independiente, informa que hubo más de 19.300 asesinatos en 2011, comparado con menos de 6.000 en 1999, el año en que Chávez subió al poder. El país se ha convertido en un imán para toda clase de traficantes de drogas, redes criminales y grupos terroristas (no sólo las FARC y Hezbollah, sino también la ETA de España). El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha sancionado a varios prominentes generales venezolanos por sus conexiones con las FARC, y el traficante de drogas Walid Makled, ahora encarcelado, ha dicho que docenas de oficiales del ejército y funcionarios del gobierno venezolano desempeñaban papeles importantes en su empresa criminal.

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