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La imagen de Brasil recibe un duro golpe

La violencia de las pandillas, la corrupción y los apagones han creado una pesadilla de relaciones públicas

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Jaime Daremblum

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November 28, 2012 - 3:55 pm
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El jucio de Fernandes —que se ha pospuesto hasta marzo— comenzó poco después del espectacular juicio por corrupción en el que estaba implicado el asesor presidencial José Dirceu, que sirvió como jefe de gabinete de Lula da Silva desde 2003 hasta 2005 (Lula dejó el poder en enero de 2011 después de haber cumplido dos mandatos). El 12 de noviembre, Dirceu fue sentenciado a casi once años de prisión por su papel en un escándalo de soborno en el congreso que hasta ahora ha dado lugar a 25 condenas judiciales.

En cierto sentido, esas condenas representan un progreso dentro del sistema judicial del Brasil. Pero la reciente ristra de casos de corrupción ha expuesto un problema generalizado. De hecho, este sábado pasado, la presidente brasileña Dilma Rousseff, la sucesora de Lula, despidió de su cargo a  todos los funcionarios de gobierno conectados con un nuevo escándalo de soborno. Hasta este momento, Rousseff ha perdido siete ministros de su gabinete por acusaciones de corrupción.

La plaga de la corrupción ha causado toda clase de daños en la economía brasileña. En particular, ha ahogado el desarrollo de la infraestructura, incluidas la construcción y renovación de estadios para el Mundial de 2014. ¿Con qué urgencia necesita el Brasil tener una mejor infraestructura? Preguntémosles a los habitantes de Recife y otras ciudades del noreste del país, que sufrieron a fines de octubre de este año el peor apagón de los últimos diez años. Márcio Zimmermann, el ministro de energía del Brasil, declaró que se había producido “un total colapso de la red eléctrica del noreste”. Este es el quinto apagón de gran escala que se ha producido en Brasil desde que la presidenta Rousseff declarara el 6 de septiembre pasado que reduciría las tarifas de electricidad.

“El gobierno debe crear reglamentaciones que den impulso a las inversiones en los sistemas de transmisión y distribución del Brasil y que fomenten su mantenimiento y modernización”, declaró a Bloomberg News Adriano Pires, director de la compañía consultora denominada Centro Brasileño de Infraestructura, con sede en Río de Janeiro. “Existe una gran inversión en la generación de electricidad, pero no hay un nivel equivalente de inversión en la transmisión”.

Además de las deficiencias de infraestructura, el Brasil tiene un código impositivo ridículamente complicado y costoso. La prueba más reciente data del 9 de octubre pasado, fecha en la que Latin Business Chronicle (LBC) publicó el Índice Latino de Impuestos para 2012, donde Brasil ocupa el último puesto. “Las complejidades del sistema impositivo del Brasil exigen de los contribuyentes la desmedida cantidad de 2.600 horas por año (o 108 días) para pagar impuestos”, informa LBC, con citas de datos del Banco Mundial. “Ese es el número más alto de toda América Latina (cinco veces más alto que el promedio regional) y el peor de un total de 183 países de todo el mundo”. Brasil ocupa también el último puesto en el Índice Latino de Globalización, publicado por LBC, lo que significa que es “el país menos globalizado de toda Latinoamérica”. El economista Walter Molano, de BCP Securities, explica que “dos de las razones más importantes” para que se le asigne al Brasil un puntaje tan bajo en globalización son su “infraestructura pobre y su complejo sistema impositivo”.

Aunque es posible que las recientes reducciones de impuestos aprobadas por la presidenta Rousseff “mejoren la clasificación” del Brasil en el Índice Latino de Impuestos para 2013, el país necesita todavía una reforma impositiva fundamental y un cambio más amplio de dirección que lo aleje del proteccionismo. En el nuevo Indice de facilidad para hacer negocios, publicado por el Banco Mundial, Brasil ocupa el pavoroso puesto 156 (de entre 185 países y territorios) con respecto a la facilidad con que se pagan los impuestos sobre empresas y está en el puesto 130 en la clasificación general. El gigante sudamericano está ubicado muy por detrás de México en ese Índice, como lo está también en el Índice de libertad económica, publicado por la Fundación Heritage. Aunque el crecimiento económico de México aminoró en el tercer trimestre, aun se espera que este año México crezca a un ritmo más de dos veces mayor que el del Brasil.

A ese respecto, el economista Tony Volpon, del grupo Nomura, cree que la tasa de crecimiento potencial del Brasil (es decir, su límite de crecimiento no inflacionario) ha declinado de un 4 por ciento a alrededor de un 3 por ciento. Si quiere estimular el crecimiento, mantener la inflación bajo control y preservar su condición como la economía más grande de América Latina, el país debe apoyarse en las reducciones de impuestos y en las medidas de privatización de la presidenta Rousseff para llevar a cabo reformas más audaces y de mayor alcance. De lo contrario, Brasil podría entrar en un largo período de estancamiento económico que haría que sus problemas de delincuencia resultaran aun más difíciles de resolver.

 

El embajador Jaime Daremblum es el director del Centro de Estudios de América Latina en el Hudson Institute.

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Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.

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