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La democracia puesta a prueba en América Latina

¿Se alzarán las más influyentes democracias de la región en defensa del gobierno constitucional en Venezuela?

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Jaime Daremblum

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January 23, 2013 - 2:24 pm
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Durante el verano de 2009, América Latina entró en un completo estado de crisis cuando las instituciones democráticas de Honduras destituyeron de su cargo al presidente, y aspirante a autócrata, Manuel Zelaya. A los funcionarios hondureños se los acusó de haber organizado un golpe militar, y a varios de ellos el gobierno de Obama les revocó la visa diplomática. Entre tanto, la Organización de Estados Americanos  suspendió a Honduras. Y sin embargo, un estudio publicado por la Biblioteca de Derecho del Congreso de los Estados Unidos concluyó que “en el caso contra el presidente Zelaya, las ramas legislativa y judicial aplicaron las normas constitucionales y legales de una manera que, según las autoridades hondureñas de ambas ramas del gobierno, concordaba con el sistema legal del país (el énfasis es mío).

Tres años después, se produjo una crisis similar cuando, en Paraguay, los legisladores votaron casi unánimemente someter a juicio al presidente Fernando Lugo y destituirlo por “pobre desempeño de su cargo”. En la cámara baja, el voto en favor de la destitución fue de 76 a 1. En la cámara alta, el voto que lo declaró culpable de pobre desempeño fue de 39 a 4. Aunque deberían haberle dada más tiempo a Lugo para preparar su defensa, tener más tiempo no era un derecho que le correspondiera por ley, y la corte suprema autónoma del Paraguay le dio a todo el proceso su “imprimatur” constitucional. Eso no impidió, sin embargo, que Hugo Chávez y sus acólitos calificaran de “golpe” a la destitución de Lugo. Acto seguido, el bloque Mercosur suspendió a Paraguay, y funcionarios de gobierno de toda la región expresaron su gran inquietud por la destitución de Lugo. Pero esos mismos funcionarios mostraron mucha menos inquietud por la evidencia de que Venezuela y Ecuador habían tratado de provocar un levantamiento militar contra el gobierno legalmente constituido que sucedió a Lugo.

Cuento esta historia, porque América Latina enfrenta ahora una verdadera crisis constitucional en Venezuela, y la respuesta de los países con mayor influencia en la región ha sido encogerse de hombros.

Todos sabemos que el mandatario venezolano Hugo Chávez, que ganó la reelección el 7 de octubre de 2012, sufre de cáncer y está incapacitado. Sabemos que lo han sometido a múltiples intervenciones quirúrgicas en Cuba. Y sabemos que Chávez estaba demasiado enfermo para asistir a la ceremonia de toma de posesión, programada para el 10 de enero. Pero no sabemos qué enfermo está Chávez en realidad, y tampoco sabemos si alguna vez podrá retomar sus funciones de presidente. El régimen de Venezuela y sus aliados cubanos se han resistido empecinadamente a que médicos independientes confirmen la exacta naturaleza de la condición de Chávez. Oficialmente, Chávez sigue siendo el presidente, aunque no prestó juramento ante la Asamblea Nacional o la Suprema Corte de Venezuela.

En otras palabras, los partidarios de Chávez han decidido burlarse de la constitución venezolana de 1999 —la misma constitución que redactaron Chávez y sus compinches— que estipula que el presidente debe prestar juramento ante los legisladores y los jueces de la Corte Suprema el 10 de enero. Según Diego Ocampo, analista de IHS Global Insight que previamente se desempeñó como secretario en jefe en la oficina del Fiscal General de Venezuela, las acciones de los partidarios de Chávez constituyen “una violación del orden constituciones y un golpe de estado institucional en el que se usan las instituciones del estado para socavar el orden democrático”.

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