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Historia de dos países

Cómo han cambiado (o no) Colombia y Cuba

by
Jaime Daremblum

Bio

April 5, 2012 - 12:00 am
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El 14 de abril tendrá lugar en Colombia la Sexta Cumbre de las Américas, a la que asistirán representantes de toda América Latina. Pero, para deleite de Washington y para la consternación de Hugo Chávez, la dictadura más antigua de la región no estará representada en la cumbre. El presidente de Colombia Juan Manuel Santos no invitó a Cuba, basándose en la falta de “consenso” entre los otros países,  aunque el mes pasado, después de reunirse con Raúl Castro en La Habana, dijo: “Apreciamos de veras el deseo [de Castro] de ser parte de la reunión”. Santos ha hecho notables esfuerzos por mejorar las relaciones bilaterales con los regímenes de izquierda de Venezuela y Ecuador, mientras mantiene cálidas relaciones con los Estados Unidos. Por eso mismo, la decisión con respecto a Cuba era algo tan delicado. Pero Santos finalmente logró adoptar la posición correcta sin provocar una reacción demasiado negativa por parte del bloque de Chávez.

Es el caso que Colombia y Cuba cumplen este año aniversarios significativos. Hace diez años, los dos países se encontraban en una encrucijada. La nación sudamericana convocaba a elecciones presidenciales en medio de una terrible violencia llevada a cabo por fuerzas rebeldes y paramilitares marxistas que traficaban en drogas. Entre tanto, el disidente cubano Oswaldo Payá recibía elogios de todas partes del mundo por su Proyecto Varela, que era una campaña para recoger firmas con el fin de imponer cambios verdaderamente democráticos dentro de la constitución comunista de Cuba.

Diez años más tarde, Colombia es una nación transformada —un “dínamo de prosperidad”, como la llama el periodista Mac Margolis— pero a Cuba la sigue gobernando una dictadura brutal que ha rechazado la liberalización política y que ahora intenta desesperadamente evitar una crisis económica. Por cierto, si Colombia simboliza el enorme progreso que ha hecho América Latina en el nuevo milenio, Cuba sigue siendo una empecinada reliquia del pasado pobre y autocrático de la región.

Colombia podrá no ser miembro del club BRIC (Brasil, Rusia, India, China), pero se la ha incluido en el así llamado bloque CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía, Sudáfrica), que agrupa a países con mercados emergentes y con un gran potencial económico. Joachim Bamrud, el director ejecutivo de Latin Trade Group [Grupo Empresarial Latino], dijo que “Colombia tiene la posibilidad de ser estrella durante muchos años más” y señaló que el país “ofrece un entorno mucho más propicio para las empresas” que el Brasil. Un informe del Banco Mundial indica que Colombia tiene ahora uno de los tres marcos legales y reglamentarios más favorables para el comercio” en toda América Latina y el Caribe. Bajo los gobiernos de Uribe (2002-2010) y de Santos, se registraron asombrosas reducciones de la violencia, aunque debemos admitir que Colombia sufre todavía serios problemas de seguridad. (El analista Michael O’Hanlon, del Instituto Brookings, arguye acertadamente que Estados Unidos debe aumentar la asistencia militar a Bogotá.)

Mientras Colombia se iba transformando, el gobierno de Cuba controlaba con mano cada vez más dura la disidencia, a pesar de los grandes esfuerzos de Payá. Su Proyecto Varela derivaba del Artículo 88 de la constitución comunista de 1976, que permite que los ciudadanos propongan leyes si pueden reunir, por lo menos, 10.000 firmas de personas con derecho al voto. Payá consiguió más de 10.000 firmas a favor de su pedido de reforma democrática y, en mayo de 2002, lo presentó a la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba. Unos días después, Jimmy Carter habló del Proyecto Varela durante su visita a Cuba. Posteriormente, el Parlamento Europeo le concedió a Payá el honor de su Premio Sajarov a la Libertad de Consciencia. Desafortunadamente, ya para ese momento el régimen de Castro se había fabricado su propio falso “pedido” y había enmendado la constitución para reafirmar su férreo compromiso con el comunismo. A comienzos de 2003, el gobierno cubano lanzó una campaña masiva de represión en la que encarceló a docenas de defensores de los derechos humanos, incluidos muchos de los aliados de Payá.

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