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Falsifican las cifras en Buenos Aires

Argentina tiene una de las tasas de inflación más altas del mundo. Pero, sobre la base de los datos oficiales, nadie lo sabría.

by
Jaime Daremblum

Bio

October 13, 2011 - 12:00 am
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En lugar de cambiar de política para tratar de mejorar la estabilidad de los precios, Kirchner y sus aliados han estado hostigando y amenazando a los medios informativos que se atreven a cuestionar las (obviamente falsas) cifras del gobierno sobre la inflación. El 22 de septiembre, la campaña de intimidación alcanzó nuevas alturas cuando el juez Alejandro Catania ordenó sumariamente a varios periódicos de Argentina que le sometieran los datos de contacto de los periodistas que han publicado o editado artículos sobre cuestiones de economía en el último quinquenio. El juez Catania está usando además su poder de convocatoria para perseguir a los consultores privados que han suministrado información legítima sobre la inflación al FMI y a otras instituciones.

Walter Russel Mead, estudioso del Council on Foreign Relations [Concejo de Relaciones Exteriores, apunta: “Después de una señal como esta, los accionistas deberían poder llevar a juicio a los administradores de cualquier compañía que invierta dinero en Argentina. Es difícil pensar en medidas que envíen una advertencia más inequívoca de deshonestidad y crisis inminente. Nada ni nadie puede estar seguro en un país en el que se hacen estas cosas”.

Por cierto, durante el gobierno de Cristina Kirchner y el de su esposo Néstor, ahora difunto, que la precedió como presidente (de 2003 a 2007), la que una vez fue “la joya de América del Sur” ha parecido a menudo una república banana. Al alterar las cifras oficiales sobre la economía y al acosar a los periodistas que publican la verdad, el gobierno de Argentina muestra un desprecio canallesco por el estado de derecho. “Los números tienen consecuencias más allá de la política”, explica el reportero Michael Warren, de la Associated Press. “Como la mayor parte de la deuda de Argentina está emitida en bonos ligados a la inflación, el gobierno ahorra miles de millones en pagos a los titulares de bonos si la tasa de inflación oficial se mantiene baja. La mayor parte de los titulares de bonos son ahora los contribuyentes argentinos, porque el gobierno nacionalizó los fondos de jubilación privados y exigió que el nuevo sistema invirtiera esos fondos en la deuda oficial”.

Y ya que hablamos de deuda y de titulares de bonos, ha pasado aproximadamente una década desde el colapso financiero de Argentina y el gobierno se niega todavía a aceptar un arreglo equitativo con sus antiguos acreedores. El gobierno debe alrededor de 16.000 millones de dólares a sus acreedores privados, y debe una suma adicional de 9.000 millones a los países miembros del Club de París. Es comprensible que Estados Unidos intente ahora impedir que Argentina reciba nuevos préstamos de desarrollo, con la esperanza de que esa medida convenza a Kirchner de que debe llegar a un acuerdo equitativo con sus antiguos inversores y titulares de bonos.

Las comparaciones de la presidenta de Argentina con Hugo Chávez pueden ir demasiado lejos. Chávez es un demagogo delirante que ha destruido las instituciones democráticas de Venezuela y ha creado una virtual dictadura petrolera. Los ataques de Kirchner contra ciertas libertades civiles fundamentales son mucho menos notorios, y (a diferencia de Venezuela) Argentina sigue siendo una genuina democracia, aunque ha sufrido una perturbadora erosión de la libertad de prensa. Aun así, el estilo “a la Chávez” de la gestión económica de Kirchner ha deteriorado el clima de inversión en un país cuya reputación mundial continúa descendiendo. Como señaló recientemente Mary O’Grady, columnista del Wall Street Journal, “la huída de capitales en la primera mitad de este año fue casi equivalente a la cantidad que abandonó el país en todo el año pasado”.

Con el auge de las materias primas y una oposición dividida sin remedio, es casi seguro que Kirchner ganará la reelección este mes, asegurándose otros cuatro años en el palacio presidencial. Pero los argentinos pagarán el precio del kirchnerismo durante muchos años más.

Jaime Daremblum fue embajador de Costa Rica en los Estados Unidos desde  1998 hasta 2004; es actualmente director del Centro de Estudios de América Latina en el Instituto Hudson.

Traducción al español de Inés Azar

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Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.
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