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Evitar un baño de sangre en Venezuela

Gracias a Hugo Chávez el país podría estar a punto de estallar

by
Jaime Daremblum

Bio

April 18, 2012 - 4:37 pm
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Y ¿qué ocurriría si Caracas robara la elección y los venezolanos respondieran llenando las calles con manifestaciones de protesta? ¿Haría el régimen lo mismo que hizo el gobierno de Irán en 2009? ¿Estaría dispuesto a producir un baño de sangre semejante al de la plaza Tiananmen? Y, en ese caso, ¿obedecerían las fuerzas armadas y de seguridad las órdenes del gobierno de masacrar a los manifestantes? Y ¿qué si el ejército y la policía se niegan a ejecutar esas órdenes? ¿Llamaría Chávez —o algún otro dirigente venezolano— a su Milicia Bolivariana para que lleve a cabo la tarea? Y si la milicia comenzara a matar a civiles, ¿cómo respondería el ejército? ¿Terminarían el ejército y la Milicia Bolivariana enfrentándose violentamente uno contra la otra? Y ¿qué harían los hermanos Castro? ¿Estarían dispuestos a dejar que se derrumbase el régimen de Chávez, aun si eso significara la posible pérdida de los masivos subsidios energéticos de Venezuela que han estado manteniendo a flote su esclerótica dictadura?

Estas son cuestiones profundamente inquietantes. Chávez ha creado un volátil barril de pólvora que está listo para explotar si se dan ciertas condiciones. Y, además, ha transformado a Venezuela en una satélite de Irán, lo que complica aun más las cosas. Como observó recientemente el Miami Herald, “Chávez ha convertido a su país en sede central del espionaje iraní en el Hemisferio Occidental”.

Y queda aun la cuestión de la complicidad de Venezuela en el tráfico hemisférico de drogas. El general Rangel y otros altos oficiales del ejército (incluidos los generales Cliver Alcalá y Hugo Carvajal) han sido sancionados ya por el Departamento del Tesoro estadounidense por su conexión con bandas de narcotraficantes. Entre tanto, Walid Makled, el capo de la cocaína que se encuentra actualmente sometido a juicio en Venezuela, declaró que había docenas de generales venezolanos y funcionarios del régimen implicados en su negocio de drogas. Esos funcionarios quieren obviamente evitar que se los lleve a juicio por sus delitos y sin duda temen (con razón) que un gobierno democrático post-Chávez trataría de detenerlos. Esto les da mayor motivo para colaborar en el robo de las elecciones de 2012 o para montar un golpe que asegure que Chávez o sus leales seguidores seguirán en el poder.

Si sumamos todo esto, lo que nos queda es una situación peligrosamente explosiva. La muerte de Chávez o la victoria electoral de Capriles le daría a Venezuela la oportunidad histórica de reparar el daño político y económico de la última década. Pero la amenaza de caos y violencia es, desafortunadamente, bien real.

El embajador Jaime Daremblum es el director del Centro de Estudios de América Latina del Instituto Hudson.

Traducido por Inés Azar


 [IA1]En lugar de “gigantescos”, puede decir “muy difíciles de superar” o “casi imposibles de superar”.

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Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.
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