Get PJ Media on your Apple

by
Jaime Daremblum

Bio

February 9, 2012 - 12:00 am
<- Prev  Page 2 of 2   View as Single Page

En las ocasiones en las que Obama adoptó una postura activa, sus esfuerzos resultaron a menudo inútiles. Tomemos, por ejemplo, sus tentativas de reparar las dañadas relaciones con Ecuador y con Cuba. Su intento de acercamiento a Quito se fue a pique en abril del año pasado, cuando el presidente Rafael Correa expulsó Heather Hodges, la embajadora de los Estados Unidos, después de enterarse de que Hodges había criticado la corrupción del Ecuador en cables diplomáticos secretos (dados a conocer públicamente por WikiLeaks). Con respecto a Cuba, la decisión de Obama de suspender algunas de las sanciones de Estados Unidos contra la isla fue recibida por el gobierno comunista con nuevas medidas de represión contra los disidentes y con la detención de Gross, que ha estado languideciendo en una cárcel cubana desde diciembre de 2009.

Ecuador y Cuba son miembros de  la Alianza Bolivariana para la América (ALBA), dirigida por Venezuela, a la que pertenecen también Bolivia y Nicaragua. Todos estos países están gobernados actualmente por regímenes autocráticos o semi-autoritarios que han adoptado una política exterior estridentemente hostil a los Estados Unidos. Cuando era todavía candidato presidencial, Obama criticó severamente a Bush por la actitud “ineficiente” que había adoptado con respecto a los países de ALBA. Pero durante los últimos tres años, Obama ha sido tan ineficiente como Bush, si no más que el.

Es verdad que recientemente Bolivia y los Estados Unidos restablecieron sus relaciones diplomáticas, pero el presidente Evo Morales todavía se niega a permitir que regresen al país los agentes de la Administración Antidrogas estadounidense (DEA), afirmando que se trata de una cuestión de “dignidad y soberanía”. En Nicaragua, el dirigente sandinista Daniel Ortega sigue haciendo fraude electoral, atropellando la constitución, construyendo una nueva dictadura y cultivando cálidas relaciones con Irán. (Bandas de sus partidarios hostigaron a menudo a Robert Callaghan, que sirvió como embajador de los Estados Unidos en Managua desde 2008 hasta 2011). En Venezuela, Hugo Chávez sigue consolidando su dictadura petrolera, proveyendo, además, asistencia económica crucial a Irán y subvencionando a grupos radicales de fuera del país. Argentina no es formalmente miembro de ALBA, pero la presidenta Cristina Kirchner ha adoptado medidas de política económica al estilo de Chávez, ha puesto límites a la libertad de prensa y ha manifestado un intenso antagonismo hacia los Estados Unidos. (Su ministro de relaciones exteriores denunció a los Estados Unidos por operar escuelas de tortura; además, el gobierno argentino desencadenó una seria disputa diplomática cuando incautó un avión militar estadounidense que participaba en un curso de capacitación policial.)

Como señala Eric Farnsworth en Americas Quarterly, “Países como Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela no están particularmente interesados en tener en este momento una asociación con los Estados Unidos”. Lo mismo fue verdad durante los años de Bush. Obama ha aprendido por las malas que la diplomacia personal y las concesiones unilaterales no van a transformar a los que son ahora autócratas hostiles en cordiales practicantes de la democracia. Obama ha perdido demasiado tiempo tratando de apaciguar a los adversarios de los Estados Unidos y ha dedicado demasiado poco tiempo a fortalecer las asociaciones con los aliados de su país. No es de extrañar que los demócratas de América Latina estén profundamente desilusionados.

 

Jaime Daremblum fue embajador de Costa Rica en los Estados Unidos desde  1998 hasta 2004; es actualmente director del Centro de Estudios de América Latina en el Instituto Hudson.

<- Prev  Page 2 of 2   View as Single Page
Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.

Comments are closed.