El club de admiradores de Chávez
La derrota de Chávez inquietaría también a la presidenta argentina Cristina Kirchner, que cuenta con Venezuela como uno de sus pocos íntimos aliados. En febrero de 2012, después que Argentina incautó inexplicablemente el cargamento de un avión de la Fuerza Aérea estadounidense que participaba en un ejercicio de entrenamiento policial, un alto funcionario del gobierno de la ciudad de Buenos Aires decía, lamentándose: “El único amigo que nos queda ahora es Hugo Chávez”. Venezuela le ha proporcionado a Argentina crucial alivio de la deuda y ahora la está asistiendo en su esfuerzo por extraer petróleo en las aguas vecinas a las Islas Malvinas (Falkland Islands), que son posesión de Inglaterra y han estado bajo el control de Londres desde 1833, aunque Buenos Aires también las reclama como suyas. (Inglaterra repelió eficazmente la invasión argentina de las Islas en 1982).
Entre tanto, las FARC colombianas han disfrutado de la asistencia de Venezuela durante más de una década. De hecho, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos sancionó, por dar ayuda a las FARC, a varios altos oficiales del ejército venezolano, entre ellos al actual ministro de defensa Henry Rangel Silva. En los últimos años, Chávez supuestamente tomó medidas para reducir la presencia de las FARC en suelo venezolano —pero lo hizo, según mensajes electrónicos de la firma Stratfor difundidos por WikiLeaks, sólo después que Colombia capturara al cabecilla venezolano de la droga Walid Makled y usara su extradición para ejercer presión diplomática. (Makled reveló que docenas de oficiales venezolanos, entre ellos 40 generales, estaban conectados con su negocio de la droga, como lo estaban las FARC.) Además, este verano, numerosos residentes del estado de Apure, situado en el oeste de Venezuela,declararon al New York Times que los miembros de las FARC “circulaban todavía por el estado con alarmante impunidad”.
Más allá de América Latina, las elecciones de Venezuela pueden decidir si Caracas sigue siendo un aliado estratégico de Teherán. Con Chávez y Ahmadinejad en el poder, Venezuela e Irán aumentaron su cooperación económica, financiera, energética y militar. Eso le ha permitido al régimen iraní evadir las sanciones globales y ha contribuido a que el grupo terrorista Hezbollah, apoyado por Irán, expanda su presencia en América del Sur. (El año pasado, el Departamento del Tesoro estadounidense sancionó a la compañía estatal venezolana PDVSA por enviar gasolina a Irán. En 2008, ese departamento declaró que el régimen de Chávez “daba empleo y protección a personas que patrocinan a Hezbollah y reúnen fondos a su favor”.)
Capriles, que es nieto de sobrevivientes del Holocausto, ha criticado la alianza Caracas-Teherán. En una entrevista reciente, publicada en el periódico The Guardian, Capriles planteaba esta pregunta: “¿Cómo han beneficiado a Venezuela sus relaciones con Irán y Bielorusia? A nosotros nos interesan los países que tienen democracia y respetan los derechos humanos, los países con los que tenemos afinidad. ¿Qué afinidad tenemos con Irán?”
Con respecto a las relaciones de Venezuela con China, Capriles dijo, en esa misma entrevista: “Todo el mundo tiene relaciones con China”. Pero desde luego no sabemos si Capriles mantendrá todos los acuerdos de “petróleo por préstamos” que Chávez ha firmado con Pekín. “Desde 2007”, informa la agencia Bloomberg, “el Banco de Desarrollo de China le ha hecho préstamos a Venezuela por un valor de 42.500 millones de dólares con la garantía de los ingresos procedentes de las reservas de petróleo más grandes del mundo”. Y ese dinero le ha dado impulso a la explosión de gastos pre-electorales del gobierno de Venezuela. China recibe actualmente 640.000 barriles de petróleo venezolano por día, y 200.000 de entre ellos son, en efecto, amortizaciones del préstamo. El 21 de septiembre de este año, Caracas y Pekín llegaron a un acuerdo para explotar la mina de oro de Las Cristinas, situada en el sur de Venezuela.
Capriles ha dicho que “nadie en el mundo puede prescindir de China”, pero declaró al periódico The Guardian que no “le comprará más armas” a Rusia, país que le ha vendido a Chávez miles de millones de dólares en equipos militares de todo tipo (desde helicópteros de combate y misiles antiaéreos hasta tanques y rifles de asalto.) El presidente venezolano es muy amigo de Vladimir Putin, que hace poco le regaló un terrier ruso negro. Los dos países han intensificado su cooperación bilateral en energía, y Caracas ha reconocido oficialmente la “independencia” de Abkhazia y Osetia del Sur, las dos provincias de la República de Georgia que Rusia invadió en 2008.
Muy raras veces una elección en América Latina, fuera de Brasil y México, atrae particularmente la atención de observadores extranjeros. Pero la votación del domingo tendrá repercusiones mucho más allá de las fronteras de Venezuela.
Jaime Daremblum fue embajador de Costa Rica en los Estados Unidos desde 1998 hasta 2004 y es ahora director del Centro de Estudios de América Latina en el Instituto Hudson.





