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De Lima a La Paz

Mientras Perú se ha vuelto más como Chile, Bolivia se ha vuelto más como la Venezuela de Chávez.

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Jaime Daremblum

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May 1, 2012 - 3:22 pm
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Perú y Bolivia son países vecinos de la zona andina que durante largo tiempo han estado afectados por la pobreza, el tráfico de drogas, las tensiones étnicas y las conmociones políticas. Los dos países sufrieron hiperinflación en la década del ochenta; los dos tuvieron presidentes que renunciaron a su cargo en la primera década del 2000. Los dos poseen, además, abundantes riquezas minerales, que representan un enorme potencial económico. Con todo, en los últimos años, cada país ha seguido una trayectoria radicalmente divergente. En pocas palabras: Perú se ha vuelto más como Chile, mientras Bolivia se ha vuelto más como la Venezuela de Chávez.

En efecto, el clima de negocios en Perú se ha vuelto cada vez más propicio para la inversión privada, mientras el clima de negocios en Bolivia es cada vez más hostil a ese tipo de inversiones. El Perú ha fortalecido los cimientos de su democracia, mientras Bolivia ha tomado el camino de la autocracia populista. En consecuencia, a Perú se lo considera hoy como una estrella en ascenso entre las economías en desarrollo, mientras a Bolivia se la ve como una mini-Venezuela.

En el último Índice de facilidad para hacer negocios, publicado por el Banco Mundial en 2011, Perú ocupa el segundo lugar entre los países de América Latina y el Caribe, detrás solo de Chile, y está en el puesto 41 en la clasificación general. Bolivia, por su parte, ocupa un humilde puesto 153, a la zaga de países dictatoriales como Irán, Tayikistán, Argelia, Gambia y Burkina Faso. Los únicos países de América Latina y el Caribe que ocupan puestos aun más bajos que Bolivia son Suriname, Haití y Venezuela.

Una vez más, es importante recordar que Bolivia tiene la bendición de poseer recursos naturales masivos, incluidas sus enormes reservas de gas natural. Pero la abundancia de recursos no se traduce en condiciones favorables para la inversión. En un estudio publicado en 2012 sobre el riesgo político en 25 de los países mineros más importantes del mundo, la firma de consultores Behre[IA1]  Dolbear clasifica a Bolivia como el segundo país más peligroso para la inversión minera —más peligroso aun que Kazajistán y que un país tan devastado por la guerra como la República Democrática del Congo. Solo Rusia ocupa un lugar mas bajo. Perú, por su parte, es (junto con Ghana) el noveno país más seguro, y su puntaje total es más de dos veces más alto que el de Bolivia y  —vale la pena mencionarlo— 20 por ciento más alto que el de Argentina.

La excelente calificación del Perú en los estudios de Behre Dolbear y del Banco Mundial puede atribuirse, sobre todo, a las estabilizadoras medidas económicas de libre mercado adoptadas por los presidentes Alejandro Toledo (2001-06) y Alan García (2006-11). Gracias al esfuerzo de estos dos gobernantes, un país al que devastaron la hiperinflación y los persistentes desastres económicos tiene ahora una baja tasa de inflación y un próspero sector bancario. La economía del Perú creció al mismo ritmo que la de la China en 2007 (8,9 por ciento) y 2008 (9,8 por ciento), mantuvo una tasa positiva de crecimiento (0,9 por ciento) durante la crisis financiera global en 2009 y regresó con renovados bríos a una tasa de crecimiento de 8,8 por ciento en 2010.

En enero de 2010, el Christian Science Monitor declaró: “Perú ha madurado políticamente hasta el punto en que los analistas —y los inversores— comienzan a hablar de otro poderoso centro regional que está surgiendo junto al Brasil”. Como señala el periodista Simeon Tegel, radicado en Perú, “Ninguna economía en América Latina o el Caribe creció mas que la del Perú desde 2000 hasta 2011, con un promedio anual de aumento del PIB (Producto Interno Bruto) de alrededor del 5,75 por ciento”. El ritmo de crecimiento del Perú disminuyó a 6,9 por ciento en 2011 y se calcula que llegará a 5,5 por ciento este año —pero, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, ese es el ritmo más rápido de crecimiento en toda la región.

El crecimiento económico del Perú no solo ha sido intenso sino que también ha producido grandes beneficios para los pobres, junto con una sensación de que por fin se están resolviendo problemas sociales profundamente arraigados en el país. “En el Perú está ocurriendo algo extraordinario”, escribe el autor mexicano Enrique Krauze, quien nota que la tasa nacional absoluta de pobreza bajó del 53 al 31 por ciento en la última década. “Somos una China en miniatura”, le dijo a Krauze el intelectual peruano Alfredo Barnechea.

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