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Castro y la maldición del petróleo

El descubrimiento de yacimientos submarinos de petróleo no servirá para resolver los problemas económicos subyacentes de Cuba ni para reparar sus relaciones con los Estados Unidos.

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Jaime Daremblum

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January 25, 2012 - 10:34 pm
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En el Índice de Libertad Económica 2012, el puntaje de China es 45 por ciento más alto que el de Cuba. Esa diferencia no se debe a la inversión extranjera. Se debe a que, hace ya mucho tiempo, el gobierno chino tomó la decisión consciente de permitir una mayor libertad económica. China es todavía una dictadura que practica una forma pervertida de capitalismo de estado pero, económicamente, es mucho más libre que Cuba.

Hasta ahora, las reformas económicas de Raúl Castro han consistido, más que nada, en despedir a trabajadores del estado, en expandir el número de actividades en las que es legalmente posible trabajar por cuenta propia y en permitir que los cubanos vendan sus vehículos usados y sus casas (a pesar de que, técnicamente, todas las casas son propiedad del gobierno). En un artículo publicado en el periódico británico The Guardian, el historiador de la Universidad de Yale Carlos Eire puso en perspectiva las reformas de Castro: “Lo que la prensa cubana, que está controlada por el gobierno, no dirá nunca, y lo que no se animan a decir la mayor parte de los corresponsales extranjeros que están en territorio cubano”, escribe Eire, “es que esas así llamadas “reformas” son una pura ilusión y un intento absurdo y desesperado de camuflar la represión y de mantener el actual status quo”.

Ciertamente, el gobierno de Cuba ha intensificado el acoso a las figuras de oposición y a los manifestantes pacíficos. Sirva de testimonio la muerte del disidente cubano Wilman Villar Mendoza, encarcelado por el régimen, cuya huelga de hambre terminó trágicamente el 19 de enero. “La responsabilidad por la muerte de Wilman Villar Mendoza, mientras estaba bajo custodia, recae directamente en las autoridades cubanas, que lo juzgaron sumariamente y lo encarcelaron por ejercer su derecho a la libertad de expresión”, afirmó el funcionario de Amnistía Internacional Javier Zúñiga. “El caso de Villar Mendoza muestra el modo en el que el gobierno cubano castiga la disidencia”, declaró José Miguel Vivanco, funcionario de Human Rights Watch. “Las detenciones arbitrarias, las farsas de juicio, el encarcelamiento inhumano y el acoso a las familias de disidentes —estas son las tácticas que utiliza el gobierno para silencias a sus críticos”.

La viuda de Villar Mendoza participa activamente en el grupo denominado Las Damas de Blanco, formado por mujeres relacionadas con disidentes cubanos encarcelados por el gobierno. Berta Soler, la dirigente del grupo, habló con gran fuerza después de la muerte de Villar Mendoza. “El gobierno lo mató”, dijo Soler, “Es un asesinato más en la cuenta del gobierno de Cuba”.

Mientras La Habana siga encarcelando y tratando brutalmente a hombres como Wilman Villar Mendoza, resultará muy difícil que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba mejoren de manera significativa, no importa cuánto petróleo pueda encontrar Cuba en el Golfo de México. Recordemos que, cuando el gobierno de Obama disminuyó las sanciones de Estados Unidos contra Cuba, la respuesta del régimen de Castro fue detener al contratista de USAID Alan Gross, que fue posteriormente sentenciado a 15 años de prisión en una cárcel cubana. Si quisiera verdaderamente mejorar las relaciones con Washington, La Habana habría dejado en libertad a Gross hace ya mucho tiempo.

Cuba cambiará —realmente— cuando su gobierno decida adoptar con los brazos abiertos la libertad política y económica. Hasta que eso ocurra, los ingresos procedentes del petróleo servirán solo para atrincherar aún más a una de las dictaduras más represivas del mundo.

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Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.

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