Get PJ Media on your Apple

Ausencia de liderazgo en América Latina

El gobierno de Obama debe dejar de tratar a la región como última prioridad.

by
Jaime Daremblum

Bio

December 7, 2011 - 7:26 pm
<- Prev  Page 2 of 2   View as Single Page

La semana pasada, Callahan y yo (junto con Jennifer McCoy, representante del Centro Carter) hablamos sobre la situación en Nicaragua ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes. Muchos legisladores nos preguntaron por qué otros países latinoamericanos no habían denunciado con más vigor una estafa electoral tan obvia por parte de los sandinistas. La razón fundamental, creo yo, es el vacío, ya mencionado, de liderazgo hemisférico. Cuando los diplomáticos estadounidenses no están suficientemente en contacto con los distintos niveles de gobierno en América Latina, resulta más difícil movilizar a los funcionarios de la región para que expresen alarma ante elecciones ilegítimas o contrarresten de manera efectiva el sigiloso progreso del autoritarismo.

Cuando habló en la Conferencia Cumbre de las Américas, en abril de 2009, el presidente Obama se comprometió a “iniciar un nuevo capítulo de participación activa que tendrá el apoyo de todo mi gobierno”. Pero en la práctica, desafortunadamente, Obama ha tratado a América Latina más que nada como un asunto de importancia secundaria. El presidente norteamericano merece elogios por haber asegurado (tardíamente) la aprobación, por parte del Congreso, de los tratados de libre comercio con Colombia y con Panamá, y también por haber expandido la asistencia antidrogas a México y a Centroamérica.

Pero en cada uno de esos casos, Obama no ha hecho más que continuar o ampliar las medidas que heredó de George W. Bush, en lugar de avanzar una iniciativa suya propia. Ronald Reagan estableció la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (CBI, por su sigla en inglés); George H. W. Bush inició las negociaciones de NAFTA; Bill Clinton firmó NAFTA y mejoró las preferencias comerciales de la CBI; Bush 43 firmó tratados comerciales con Chile, América Central y la República Dominicana, Perú, Colombia y Panamá. A diferencia de sus predecesores, Obama no ha promulgado ninguna clara visión del libre comercio en todo el hemisferio. Y por eso, el programa de intercambio comercial de Estados Unidos en América Latina permanece estancado.

Con respecto a apoyar las instituciones democráticas y hacer frente al surgimiento de autócratas de izquierda en países como Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, el gobierno de Obama no ha hecho nada para abogar por un programa robusto de reforma de la OEA. Esa institución, que existe desde hace 63 años, se ha vuelto cada vez más insignificante, aunque no por las razones que enumeran Chávez y sus camaradas populistas.

Como señalé en otro lugar, los decisores políticos norteamericanos deberían proponerse remediar las deficiencias estructurales que han hecho de la OEA un instrumento poco efectivo para defender la democracia. Más específicamente, deberían proponer (1) transformar la Carta Democrática Interamericana (IADC, por sus siglas en inglés) en un tratado formal y dar al Sistema Interamericano de Derechos Humanos (IASHR, por sus siglas en inglés) la autoridad de asegurar su cumplimiento; (2) fortalecer el IASHR, el panel de control de drogas de la OEA y la comisión de la OEA que se ocupa del terrorismo, mecanismos, todos ellos, que funcionan con eficiencia y realizan una tarea importante; y (3) reducir considerablemente la inflada burocracia de la OEA (para hacer uso de sus recursos de manera más efectiva). Una OEA más fuerte y mejor administrada beneficiaría a la cooperación regional y a la estabilidad democrática y perjudicaría a los que, como Chávez y Ortega, han sacado provecho de la esclerosis de la OEA y han socavado burdamente la democracia en sus respectivos países.

La reforma de la OEA debería ser sólo parte de un nuevo compromiso más abarcador de los Estados Unidos con América Latina. La secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton ha dicho con razón que la región es de interés “vital” para los Estados Unidos. Si esperan impedir que la democracia se debilite aun más en Nicaragua y en otros países de la región, los funcionarios norteamericanos deben actuar sobre la base de las palabras de la secretaria Clinton y deben darle al Hemisferio Occidental una prioridad mucho más alta.

 

Jaime Daremblum fue embajador de Costa Rica en los Estados Unidos desde 1998 hasta 2004 y es ahora director del Centro de Estudios de América Latina en el Instituto Hudson. Partes de este artículo han sido adaptadas de su reciente testimonio ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes.

 

Traducción de Inés Azar

<- Prev  Page 2 of 2   View as Single Page
Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.

Comments are closed.